De Arco y de lo mejor

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La semana pasada tuvo lugar Arco en Madrid. Fundada hace más de 35 años, Arco es una de las ferias de arte más consolidadas, y aunque el mercado es cada vez más competitivo, Zona Maco de México y el Armory en Nueva York le rodean en fechas, se mantiene como una cita importante en el calendario del coleccionismo. La feria tiene lugar en Ifema, y si bien no está en el centro de la ciudad de Madrid, se sirve de su contexto de arte de sus museos, centros, galerías y otros espacios como embajadas o estudios de artistas, para proponer todo un abanico de posibilidades para ver arte. Madrid es una ciudad excepcional en infraestructuras artísticas, posiblemente la mejor de Europa en estos momentos, y durante Arco la concentración de pautas artísticas, ya sean contemporáneas o clásicas, son de primer nivel. Durante estos años Arco ha conseguido lo estratégico, esto es, posicionarse no sólo como un evento de mercado, también como un evento vinculado a las dinámicas de la generación del arte, vincularse a los coleccionistas y agentes que mueven las instituciones, atraer a los artistas, y ser puente con latinoamérica, lugar del mundo de algunos de los más destacados coleccionistas. Y todos estaban aquí.
La economía del mercado del arte se auto-representa aquí durante unos días. Y podemos ver este tiempo como un ejercicio de microeconomía en el cual los agentes fundamentales se ponen en contacto: los galeristas que representan a los artistas, los coleccionistas privados, los coleccionistas públicos, y los observadores profesional, ya sean asesores, comisarios, o críticos, entre todos se va generando una senda de apreciación de lo que es interesante o no lo es. Y junto a esto aparece el frenesí mediático que somete a una prueba de estrés que aporta más interés aún a este “juego” de microeconomía. Puede parecer reduccionista acudir a la ley de oferta y demanda para explicar ciertas pautas, pero aquí, como en toda feria y aunque en el arte infieren muchos ingredientes sugeridos desde la subjetividad, se da ese lugar de transparencia por competir con quedarse con unas determinadas piezas y descartar otras. La feria nos habla de las fuerzas dinámicas de hacia dónde va el arte y esto es interesante porque lo que llamamos el mercado primario, la primera venta de una obra concreta directamente desde su lugar de emisión al mundo que son las galerías, marcarán ciertas cosas que veremos en museos y centros de arte.
Los profesionales que acudimos siempre nos preguntamos qué hemos visto, qué nos ha llamado la atención, qué es lo que nos ha parecido lo mejor. De nuevo un ejercicio de economía en el cual marcamos fichas y proponemos ideas sobre cosas que destacan. Este intercambio de información genera diálogos que se centran en obras concretas y carreras de artistas, y ahí es donde entra de nuevo la magia de la feria, en la que desde luego lo que se hace es vender, pero al mismo tiempo se nos acerca obras excepcionales. Este año mi recomendación ha sido una obra de Iñaki Bonillas (México, 1981), un genial artista que siempre subvierte la imagen. En este Arco hemos podido ver una obra suya realizada en la famosa casa del arquitecto mejicano Luis Barragán. Lejos de fotografiar allí lo habitual, Bonillas propone una serie de fotografías, de su serie “Secretos”, de las marcas y huellas de los muebles colocados por Barragán sobre moquetas y alfombras, generándose toda una estética sobre la ausencia del objeto y su registro poético, y que nos habla de la sensibilidad de estos artistas que crean miradas excepcionales y nos ayudan a ver.