La subversión narrativa de Erlich

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Leandro Erlich (Buenos Aires, Argentina, 1973) ha clausurado esta semana su exposición en el Mori Art Museum de Tokio. Con más de 600,000 visitantes, se ha convertido en la exposición con más éxito de audiencia de este prestigioso museo. Japón, país lleno de cultura, diseño y arte, y cuna de tendencias en casi todas las disciplinas creativas, se ha rendido a Erlich por su capacidad de generar en el espectador una contemplación transformadora y sutil. Concebida como una exposición retrospectiva, la muestra planteaba un recorrido por su carrera y presentaba muchas de sus obras icónicas. Y, con esa estética táctica que despliega el artista con tanta naturalidad, aparecen (aparecemos) en todo momento de la exposición, casi como una obra más, los espectadores. Casi como actores que interpretan, entran y salen entre espejos y reflejos en un intento por descubrir las certezas de lo que ven y su cuestionamiento. Desde que se hiciera conocido internacionalmente, con menos de 30 años, representando a su país, Argentina, en la bienal del Venecia del año 2001, Erlich ha desarrollado una carrera excepcional dentro del panorama creativo contemporáneo actual. Presente en destacadas colecciones, como la del Museo de Houston, la Tate Modern de Londres, o el Museo de Kanazawa o el nuevo Voorlinden, la popularidad en Erlich proviene de ese lugar al que llega el artista universal que provee de espacios de interacción a distintas capas de sensibilidad. Puro genio. Su obra plantea un juego de subversión narrativa, nos introduce en un ethos de percepciones y de realidades, habla de certezas y de lo que puede no serlo; desde un plano de juego en su estado más sublime de carga narrativa. Y es que su obra sobrecoge por las lecturas figurativas, surreales, fantásticas e imaginarias. Por casualidad, y tras el cierre de la exposición, contemplo en Tokio con Leandro Erlich y Andrés Duprat, director del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires y guionista de cine, la película de Tartin, Play Time, del año 67, y hablamos de esas narraciones que consigue este director creando todo un espacio imaginario y excelso arquitectónico para hablar de la “sinfonificación” moderna. Escuchando a Leandro describiendo esas tomas de Tartin, me acerco aún más a ese universo de sensibilidad creativa hacia lo real que desarrolla Erlich en su obra, y los espacios de contemplación en los que nos deja suspendidos, ahí para aprender viendo.