“No creo en la idea de belleza como verdad” Entrevista a Matt Collishaw

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Mat Collishaw (Nottingham, Reino Unido, 1966) pertenece a la generación de los Young British Artists, un grupo de artistas que surge en Londres en los años 80. Los YBA trazaron su idea de arte mirando hacia otro lugar, uno no esperado, con la premisa de romper reglas, creando, desde una aparente contracultura, un nuevo símbolo de la postmodernidad estética. Inspirados en lo punk, en la huída de lo académico o de lo formal, fueron un shock. Después, los YBA fueron arropados y se convirtieron en una pieza de la historia del arte. Llega ahora a España por primera vez, y de la mano de la Fundación Sorigué, una exposición excepcional de Mat Collishaw, quizás el autor con más personalidad de esa generación. Este artista supo navegar en ese ambiente de contracultura de los YBA, pero sirviéndose de ese ímpetu de shock hacerlo como un outsider para proponer una obra profunda y clarividente, que se relaciona con la historia de la pintura, o con lo natural. La exposición Mat Collishaw: Dialogues, recorre precisamente estas dos esferas de su obra, puede visitarse hasta finales del mes de mayo en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid. Se trata de una retrospectiva, brillantemente producida por Sorigué, y en la que el espectador entrará en el espectro creativo de un artista multidisciplinar, poliédrico, y enigmático. Su obra deja trastocado, como el rastro en nuestros oídos tras escuchar punk. Y quizás ahí esté su clave, en el zumbido o temblor que nos deja en el subconsciente preguntándonos sobre lo que vemos. Tras ver su obra les invito a pasarse por el vecino Museo del Prado y zambullirse en la pintura barroca con el recuerdo de las imágenes de Collishaw, o a recorrer el propio Jardín Botánico donde se celebra la exposición, para comprobar como Collishaw es un artista diseccionador de la realidad, de la pintura histórica, de la naturaleza, un taxonomista, que nos deja inmersos en un juego de comprensiones.

Usted se forma en contexto como el de Londres donde ha habido una gran efervescencia creativa en las últimas décadas.

Londres siempre ha sido un gran crisol de ideas; y depende de esta gran afluencia de otras culturas para mantener su dinámica. Casi el 40% de la ciudad está formado por personas nacidas en otros países.
¿Esto está en riesgo por el Brexit?
La capacidad de moverse fácilmente a través de Europa ha sido un activo importante, y sinceramente espero que esto no afecte a la fecundidad que siempre ha caracterizado a este lugar.
¿Qué le diferencia de sus colegas de generación del llamado ‘YBA’?
Yo he intentado trabajar siempre en áreas poco exploradas, en los años 80 no había muchas imágenes viscerales en el mundo del arte. A principios de la década de los 90, sentí que este enfoque casi se había pasado de moda, era lo que se esperaba, así que decidí usar imágenes que, en cierto modo, eran más impactantes para el espectador. Luego miré obras de arte históricas, realizadas antes de que comenzara la aventura moderna.
Llama la atención de su carrera su fijación con la imagen clásica y la pintura histórica…
Me parece emocionante el acto, casi necrofílico, de observar pinturas antiguas, y devolver el pasado a la vida a través de este juego de relaciones. También me fascina la forma en que los diferentes estilos de pintura pueden hacerte ver las mismas cosas de diferentes maneras.
¿Por qué su énfasis en ese momento de pre-modernidad?
Me gustaba la idea de que en aquel momento, algunos pintores tenían que ocultar sus intenciones. Por ejemplo, en determinadas pinturas de tema religioso, el autor escondía su individualidad de manera furtiva.
Imagino que para usted esta exposición, además de que es la primera vez que puede verse su obra en España, a pocos metros del Prado donde habitan obras que son referencia para usted, tiene que ser un momento crítico para la recepción de su obra.
Celebrar esta exposición aquí a pocos metros del Prado, es todo un honor.
La exposición se abre con una pieza de vídeo, perteneciente a la Colección de la Fundación Sorigué, en la que deconstruye una obra de Velázquez, ‘El retrato de Inocencio X’, ¿qué significa para usted el Barroco y la pintura española?
Mi interés se centra sobre todo en el Barroco debido a la escasez de este estilo en el arte de mi país. He pasado mucho tiempo estudiando la pintura española. Me sobrecoge en particular del Barroco, la sensualidad latente y lo violento que emerge de la oscuridad que ves en Ribera o Zurbarán. El barroco siempre tendrá un sesgo ligeramente diferente a una obra renacentista clásica. Su forma anticipa o delata la manera en la que respondes al tema de la obra.
De hecho otra obra de Velázquez, ‘Las Meninas’, es una obra referente en su carrera. En el año 1997, usted realizó una acción performativa sobre esta obra.
‘Las Meninas’ es una obra conceptual temprana. Está pintada teniendo en cuenta al espectador y su relación con la imagen retratada, hace esto mejor que cualquier otra obra de arte que yo conozca. Quería hacer una pieza que hablara del efecto de esta obra, responder al canto de sirenas que me evocaba, así que viajé con los ojos vendados desde mi estudio en Londres hasta el Museo del Prado. Levanté la venda por unos minutos para mirar la obra, luego me volví a tapar los ojos y regresé a Londres en la oscuridad.
Toda una odisea estética…
Quería enfocarme en la extraordinaria forma en que esta pintura te secuestra y te toma como rehén, te lleva a un rompecabezas para el cual no hay resolución, no hay salida. Un homenaje, una peregrinación a esta gran maestra que es una trampa cautivadora, pero de apariencia inocente.
Usted también teje un diálogo con el canon de la belleza natural. En la exposición pueden verse retratos de plantas, de insectos, de animales. Así como su diálogo con la pintura histórica estando pegados al Prado alcanza un momentum, este diálogo con la naturaleza en el contexto del Jardín Botánico no se queda lejos y aquí experimentamos una amplificación de lo natural. ¿Qué es para usted la belleza natural?
No creo en la idea griega de que la belleza es verdad y la verdad es hermosa. Las apariencias pueden ser engañosas. Estoy muy interesado en la forma en que cierta cultura visual puede utilizar medios encubiertos para transmitir un mensaje. ‘El Acrópolis’, por ejemplo, utiliza una geometría distorsionada para mejorar la vista en perspectiva de un solo punto del edificio. Sin esta distorsión, se vería mucho menos impresionante, es un ingenioso truco arquitectónico.
¿Y piensa que existe una recompensa catártica en el arte?
No me interesa el placer catártico de una idea abstracta de la belleza, la idea de la manipulación inventiva de la forma para fines sinuosos me parece mucho más atractiva.

Publicado originalmente en La Esfera de Papel, suplemento cultural de El Mundo el día 7 de mayo de 2019. https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/05/07/5cc713c7fdddff645a8b4627.html