Púrpura: John Akomfrah

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Recientemente se ha podido ver en Madrid en el Museo Thyssen la obra más reciente de John Akomfrah (Accra, Ghana, 1957) cineasta, escritor y artista afincado en Londres. El destino ha querido que durante un viaje de investigación por Suecia llegara hasta el Bildmuseet, ubicado en la universidad de Umea y posiblemente el museo universitario más interesante de Europa, y me haya encontrado con esta misma exposición y con una charla inaugural del artista. Akomfrah es una voz importante del lenguaje de la imagen en movimiento. El año pasado recibió el premio Artes Mundi que reconoce a artistas con obra vinculada con temáticas sociales y sobre la condición humana. En su nueva obra Purple, vemos un conjunto de 6 pantallas con fragmentos obtenidos de archivos y de películas pero también nuevas filmaciones en 10 países diferentes en espacios con paisajes excepcionales y que están en peligro de extinción. Contemplo la instalación antes de escuchar hablar al artista. Me impacta la belleza de las imágenes y el collage de narraciones que podemos ver, el sonido que se nos presenta por capas, mientras uno siente lo sublime de la naturaleza pero también el peligro de destrozarla. Es complejo hablar de cómo tratamos la naturaleza, y sobretodo cómo lo hacemos desde el arte sin quedarse en lo documental o en lo contestario conceptual. La sutilidad de Akomfrah se ve ratificada en sus palabras y afirman que no trabaja desde ninguna de estas dos posturas. Con una firmeza en sus comentarios que me recuerda a Ronal Hazoume, artista de Benin bien diferente en temáticas y en la forma, veo ese carácter africano de ver las cosas desde una perspectiva de filosofía natural. Las 6 pantallas, nos cuenta, tienen por objeto decir al espectador que sea él el que narre, el que edite el contenido, el que construya una metáfora de qué hacemos con la naturaleza.Y el título, es púrpura, por una razón que explica el artista: al envejecer el soporte material de las películas van perdiendo color, y el último en quedar, o hacia el que químicamente vira la tonalidad de la película, es el púrpura. Akomfrah nos da ese título como pista para entender su obra, y como recuerdo de que todo puede desvanecerse y perder el color, o lo sublime.